VITAMINA D3


Vitamina D3: para qué sirve

Las funciones que lleva a cabo la vitamina D3 dentro del organismo son muchas y muy variadas. En este sentido, la más destacable de todas guarda relación con la asimilación del calcio en los huesos y el mantenimiento de las cantidades de este mineral y del fósforo en valores estables y adecuados en la sangre. Además, también se encarga de controlar el proceso de coagulación, lo que facilita la rápida curación de las heridas y menores sangrados en la menstruación, en las encías, etc.


Por su parte, la vitamina D3 también juega un papel muy importante en la estabilización de la transmisión de los impulsos emitidos por el sistema nervioso. Esto se basa, fundamentalmente, en el hecho de que proporciona un mecanismo mediante el cual el calcio pueda jugar el papel correcto en que dichos impulsos eléctricos lleguen a los músculos. Asimismo, tampoco podemos olvidar decir que es la responsable de supervisar la muerte y la duplicación de las células.

La vitamina D3 también sirve para regular el funcionamiento del sistema inmune, lo que permite prevenir la aparición de enfermedades y detener el ataque de todos los agentes patógenos con los que nos topamos a diario. También juega un papel importante en el control de la presión arterial, así como en el adecuado uso de la hormona insulina, lo que repercute en un menor número de posibilidades de padecer diabetes de tipo II con el paso de los años.

Propiedades y beneficios de la vitamina D3

Más allá de todo lo que ya hemos comentado, hay que resaltar algunos otros beneficios de la vitamina D3 para la salud de los seres humanos. Por ejemplo, existe una relación directa entre este micronutriente y la producción de serotonina, más conocida coloquialmente como ‘la hormona de la felicidad’. De modo que, las personas que presentan en sangre unos niveles adecuados de vitamina D3, se sienten de mejor humor y son menos tendentes a desarrollar depresión.

Por su parte, la vitamina D3 también ejerce una gran labor en el físico de los deportistas ya que ayuda a que se recuperen antes de los esfuerzos. De hecho, disminuye ostensiblemente la sensación de fatiga, por lo que también se recomienda a personas que acaban de superar un período de convalecencia provocado por una enfermedad. También guarda relación con el control del peso. Y es que, aquellos que poseen la suficiente vitamina D, queman más grasas a diario.

Vitamina D3 en los alimentos

La vitamina D3, además de a través del sol, se puede obtener a partir de la dieta. En este sentido, como ya hemos comentado, al tratarse de una sustancia derivada del colesterol, tiene más presencia en los alimentos de origen animal. Eso sí, fundamentalmente, se encuentra en el pescado, sobre todo en el azul. Por lo tanto, para obtener las cantidades necesarias cada día, es necesario hacer girar la dieta en torno a este tipo de alimentos.

Las principales fuentes de vitamina D3 son los salmones, las sardinas, las caballas, el bacre y el atún. Para que te hagas una idea, una ración de 100 gramos de cualquiera de estos peces cocinada hervida o cocida, es capaz de aportarte, aproximadamente, entre un 15% y un 20% de la cantidad diaria de este micronutriente que necesitas. Por lo tanto, resulta incuestionable que es necesario recurrir a otras fuentes.

Desgraciadamente, más allá del pescado azul, no existen otros alimentos capaces de aportar cantidades considerables de vitamina D3. Sin embargo, para solucionar este problema, es común fortificar con ella determinados productos como, por ejemplo, la leche, los cereales o las legumbres. Este proceso artificial se lleva a cabo durante la fase de manufacturación y es totalmente inocuo para la salud.


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